Intentar vivir sin tóxicos
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Nuestro hogar debería ser el lugar más seguro del mundo, tanto a nivel de salud mental, emocional como física. Intentar vivir sin tóxicos debería ser nuestro objetivo. Sin embargo, pasamos cerca del 90% del tiempo en espacios cerrados y expuestos a una mezcla constante de sustancias, que, aunque invisibles, pueden influir negativamente en nuestra salud.
De hecho, la mayoría de los productos de uso cotidiano contienen compuestos químicos que nuestro cuerpo no reconoce ni gestiona fácilmente.
¿Qué son los tóxicos? El efecto cóctel.
Cuando hablamos de tóxicos nos referimos a sustancias dañinas para nuestro organismo.
Muchos de estos productos son contaminantes orgánicos persistentes (COP) y pueden comportarse como disruptores endocrinos (DE). Son capaces de interferir con la biosíntesis, el metabolismo o la acción de las hormonas endógenas del sistema endocrino, pudiendo ocasionar daños sobre la salud humana, así como de otras especies.
Por desgracia, nos exponemos diariamente a una mezcla de muchas sustancias tóxicas diferentes: perfluorados en los cosméticos, plaguicidas en los alimentos, ftalatos en los plásticos de juguetes, metales pesados en el agua…
La legislación solo vigila que cada uno de los tóxicos, individualmente, se encuentren por debajo de su valor límite legal.
Pero al mezclarse, algunos tóxicos potencian sus efectos no deseados. Así, varias sustancias por debajo de sus límites legales pueden causar un daño elevado. Este es el efecto cóctel.
Si tenemos tóxicos en la cosmética, en los productos de limpieza del hogar, en el mobiliario doméstico, en la comida y en nuestra ropa… al final la exposición ¡es como un cóctel! Y esto no está correctamente estudiado ni por supuesto regulado legalmente.
Estos tóxicos están relacionados con el aumento de problemas respiratorios y dermatológicos, pubertad precoz, problemas de fertilidad y ginecológicos, patologías crónicas y autoinmunes y cáncer.
Tóxicos más frecuentes en el hogar y sus efectos en la salud.
- Productos de limpieza y ambientadores.

Hablamos de limpiadores multiusos, desinfectantes y lejía, detergentes y suavizantes, productos con fragancia y ambientadores (incluso algunas velas perfumadas).
Muchos contienen compuestos orgánicos volátiles (COV) como formaldheido, ftalatos, amoníacos, cloro…
Pueden producir irritación de vías respiratorias y mucosas, empeoramiento de enfermedades respiratorias como el asma, dolor de cabeza, mareo y fatiga. Los ftalatos actúan como DE y pueden producir alteraciones hormonales.
- Materiales en casa

Hacemos referencia a muebles de aglomerado, sofás, colchones y textiles tratados, pinturas, barnices y lacas, suelos laminados, vinilos, moquetas, cortinas y tapicería sintética entre otros. Podríamos incluir aquí toda la ropa que llevamos en nuestro día a día (poliéster, acrílico, nylon y rayón o viscosa), especialmente la ropa interior o deportiva.
En estos productos son frecuentes el formaldehído, los retardantes de llama, los COV y disolventes.
Pueden producir irritación ocular y respiratoria, alteraciones neurológicas leves, dolor de cabeza y fatiga así como disrupción endocrina.
- Materiales de cocina y alimentación.

Por ejemplo en envases de plástico (tuppers cuando además se recalientan), latas (recubrimientos internos), sartenes antiadherentes, film transparente y papel aluminio, alimentos con residuos de pesticidas, microplásticos en las botellas de agua. El agua del grifo según la zona también puede contener más o menos tóxicos. Puedes consultar aquí nuestro artículo sobre el agua.
Aquí encontramos bisfenol A (BFA) y otros bisfenoles, ftalatos, PFAS (antiadherentes), pesticidas y metales pesados.
Sus efectos pueden ir desde alteraciones del desarrollo infantil y del metabolismo hasta impacto en la fertilidad por las alteraciones hormonales que producen.
- Cosmética e higiene.

Aquí nos referimos a cremas hidratantes, desodorantes y perfumes, maquillaje y todos los productos para la cara, champús y geles, pasta de dientes y cremas solares.
Estos productos contienen parabenos, ftalatos, fragancias sintéticas y filtros químicos, también pueden contener triclosán.
Los efectos que producen pasan por irritación y sensibilidad cutánea alterando además la microbiota de la piel, alergias y también acción disruptora.
- Luz azul artificial.

Hemos hablado ya muchas veces del efecto de la luz azul en la salud, por lo que podemos considerarla un tóxico ambiental presente en pantallas, bombillas LED de luz fría, iluminación nocturna en la calle, casas, restaurantes y gimnasios…
La luz azul artificial inhibe la melatonina, altera el ritmo circadiano produciendo problemas de sueño. Está relacionada también con el aumento del cáncer y otros problemas metabólicos como la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2. Puede producir además, alteraciones del estado de ánimo, fatiga y molestias oculares.
Vulnerabilidad especial
Hay grupos de población más sensibles a todos estos tóxicos frecuentes en nuestro entorno como:
- Infancia: Respiran más aire por kilo de peso y en general tienen más contacto con el suelo. Su sistema inmune y nervioso está en desarrollo y su capacidad de detoxificación es limitada.
- Embarazo y etapa fetal: Muchas de las sustancias arriba mencionadas pueden atravesar la placenta (especialmente los que actúan como disruptores endocrinos y los metales pesados).
- Personas con sensibilidad química o enfermedades crónicas (especialmente enfermedades autoinmunes): Reaccionan a niveles de exposición que para otras personas pasan desapercibidos, presentan síntomas como fatiga, niebla mental o irritación.
- Personas mayores: Pueden presentar una acumulación de tóxicos en los tejidos dada la trayectoria de exposición a lo largo de su vida. Además, la capacidad de detoxificación hepática y renal está disminuida. Pueden aparecer patologías crónicas y aumentar la fragilidad en general.
Decálogo para reducir tóxicos en el hogar
- Ventila cada día, aunque haga frío. El aire interior suele estar más contaminado que el exterior y ventilar 10-15 minutos reduce compuestos volátiles acumulados.
- Simplifica tus productos de limpieza. Menos es más. Prioriza opciones sencillas como vinagre, bicarbonato o jabón natural y evita mezclas innecesarias.
- Evita fragancias y aromas artificiales. Si buscas aromas específicos apóyate de opciones naturales libres de tóxicos como los difusores de aceites esenciales.
- Reduce el plástico en la cocina, especialmente los que se van a exponer al calor. Sustituye tuppers de plástico por vidrio o acero inoxidable y cucharas o cubiertos de silicona por madera. Evita tablas de cortar plásticas y busca opciones de madera (de una pieza entera, sin ensamblados). Evita las sartenes con superficies antiadherentes y utiliza opciones como el acero inoxidable, hierro fundido o hierro mineral.
- Revisa tu alimentación. Prioriza alimentos frescos, de temporada y cercanía. Lava adecuadamente los alimentos antes de consumirlos, especialmente si no son ecológicos. Bebe un agua de calidad con el sistema de filtrado que mejor consideres en tu caso. Evita alimentos en contacto con plástico.
- Elige cosmética más simple y consciente. Igual que con los productos de limpieza, menos es más. Evita perfumes sintéticos y fórmulas con listas interminables.
- Cuida los materiales de tu hogar. Sustituye paulatinamente tus muebles y textiles por opciones sin tóxicos: madera maciza, tejidos naturales como el algodón o el lino y pinturas de pared ecológicas. Tras reformas o muebles nuevos ventila especialmente bien.
- Reduce la carga tóxica del polvo doméstico. Limpia con regularidad y evita la acumulación de polvo, que muchas veces actúa como reservorio de sustancias tóxicas.
- Regula tus ritmos de luz y oscuridad. De día aprovecha la luz del sol como ya te contamos en un artículo anterior. Evita la luz artificial antes del amanecer y después del atardecer. No solo evita las pantallas, evita luces LED, focos, etc. y utiliza mejor velas o luces rojas.
- Haz cambios progresivos, no perfectos. Se trata de reducir la carga tóxica poco a poco. La constancia es más importante que la perfección.

Un hogar más saludable no se construye con grandes cambios, sino con pequeñas decisiones repetidas cada día.
Si quieres que te ayudemos a reducir tóxicos en tu día a día consulta con nosotras y te acompañaremos en el proceso de forma individualizada y adaptada a tus necesidades.

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